Introducción a Mateo
¿Quién?
La tradición cristiana identifica al autor como Mateo el apóstol, antiguo recaudador de impuestos. El Evangelio no nombra explícitamente a su autor. Se dirige especialmente a lectores judíos y judeocristianos, y su mensaje alcanza a todas las naciones.
¿Qué?
El relato de la vida, enseñanza, muerte y resurrección de Jesucristo, presentado como el Mesías y Rey prometido.
¿Por qué?
Para mostrar el cumplimiento de las promesas de Dios en Jesús y formar discípulos que vivan bajo Su autoridad.
¿Cuándo?
La fecha exacta de composición es incierta. Se han propuesto fechas desde mediados del siglo I hasta las décadas posteriores al año 70 d. C.; el texto no establece una fecha explícita.
¿Dónde?
El lugar de composición no se conoce con certeza. La historia transcurre principalmente en Galilea y Judea, culmina en Jerusalén y termina con la misión a todas las naciones.
¿Cómo?
Mateo combina narración, enseñanzas de Jesús y referencias a las Escrituras de Israel. Lea cada pasaje en su contexto y compare la paráfrasis con la Reina-Valera 1909 en español, el griego y el griego romanizado.
Introducción completa de la edición en español
ANTES DE LEER
El Evangelio según Mateo abre el Nuevo Testamento presentando a Jesús de Nazaret como el Mesías prometido, el Hijo de David, el Hijo de Abraham y el Rey cuya venida cumple las promesas de Dios.
Mateo no se limita a registrar acontecimientos de la vida de Jesús. Está construyendo un argumento: Jesús es Aquel a quien Israel esperaba. Las promesas, los pactos, las profecías y las esperanzas que recorren las Escrituras de Israel encuentran su cumplimiento en Él.
Mateo deja clara esta dirección desde su primera frase: Jesús es el Cristo, es decir, el Mesías; el Hijo de David, heredero de la promesa real; y el Hijo de Abraham, Aquel por medio de quien la bendición de Dios alcanza finalmente a las naciones.
Desde el principio, el lector debe entender que Mateo está contando una historia que comenzó mucho antes del nacimiento de Jesús.
¿QUIÉN ESCRIBIÓ EL EVANGELIO SEGÚN MATEO?
La tradición cristiana histórica identifica al autor como Mateo el apóstol, uno de los doce discípulos llamados personalmente por Jesús.
Antes de seguir a Cristo, Mateo era recaudador de impuestos. El propio Evangelio registra su llamado en Mateo 9:9, cuando Jesús lo encuentra sentado en el lugar donde se cobraban los impuestos y le dice: “Sígueme”. Mateo se levanta y lo sigue.
El Evangelio no contiene una frase como “Yo, Mateo, escribí este libro”. En ese sentido, el texto mismo es formalmente anónimo. Sin embargo, la atribución a Mateo es antigua y está profundamente arraigada en la tradición cristiana primitiva.
Escritores cristianos tempranos como Papías, Ireneo y Orígenes relacionaron este Evangelio con Mateo, el antiguo recaudador de impuestos que llegó a ser apóstol de Jesucristo.
No sabemos con certeza todos los detalles del proceso de composición. Mateo pudo utilizar recuerdos personales, testimonios conservados entre los primeros discípulos, tradiciones orales y materiales escritos disponibles en la Iglesia primitiva.
Esta edición respeta la atribución tradicional a Mateo el apóstol mientras reconoce con claridad aquello que el texto mismo permite afirmar y aquello que permanece sujeto a discusión histórica.
¿QUÉ ES EL EVANGELIO SEGÚN MATEO?
Mateo es un relato de la vida, ministerio, enseñanza, muerte y resurrección de Jesucristo.
Pero es más que una biografía.
Es un testimonio acerca de quién es Jesús.
Mateo lo presenta como el Mesías prometido, el Rey descendiente de David, el Hijo de Abraham, el Hijo de Dios, Emanuel —Dios con nosotros—, el Hijo del Hombre y el Señor resucitado que posee toda autoridad en el cielo y en la tierra.
También es un Evangelio profundamente orientado al discipulado. Mateo no solamente quiere que el lector sepa quién es Jesús. Quiere que comprenda lo que significa seguirlo.
Por eso el Evangelio contiene extensas secciones de enseñanza, incluyendo el Sermón del Monte, las instrucciones a los Doce, las parábolas del Reino, la enseñanza acerca de la vida entre los discípulos y el discurso de Jesús acerca de los acontecimientos futuros.
El libro termina con el Cristo resucitado enviando a Sus seguidores a hacer discípulos de todas las naciones.
¿CUÁNDO FUE ESCRITO?
El Evangelio según Mateo no proporciona una fecha explícita de composición.
Los estudiosos cristianos han propuesto distintas fechas dentro del primer siglo. Algunos sitúan su composición durante las décadas de los años 50 o 60 d.C.; otros consideran más probable una fecha posterior a la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C., frecuentemente durante las décadas siguientes.
No existe evidencia suficiente para convertir una fecha exacta en una certeza bíblica.
Por esa razón, LA PALABRA, HECHA CLARA no construye ninguna doctrina ni interpretación esencial sobre una fecha de composición que el propio Evangelio no declara.
Lo que sí sabemos es que Mateo pertenece al mundo del cristianismo del primer siglo, cuando el mensaje acerca de Jesús se extendía desde sus raíces judías hacia personas y comunidades de muchas naciones.
¿DÓNDE FUE ESCRITO?
Mateo tampoco identifica el lugar donde fue compuesto el Evangelio.
Antioquía de Siria ha sido propuesta con frecuencia porque allí existió desde muy temprano una importante comunidad cristiana formada tanto por creyentes judíos como gentiles. Sin embargo, esta propuesta no puede demostrarse con certeza a partir del propio Evangelio.
Por eso distinguimos entre una posibilidad histórica razonable y un hecho bíblico explícito.
El lugar exacto de composición permanece incierto.
¿DÓNDE OCURRE LA HISTORIA?
Aquí podemos hablar con mucha mayor seguridad.
Los acontecimientos de Mateo se desarrollan principalmente en Galilea, Judea y Jerusalén, dentro del mundo judío del primer siglo y bajo el dominio del Imperio romano.
El Evangelio comienza con la genealogía y el nacimiento de Jesús. Belén, Jerusalén, Egipto y Nazaret forman parte de sus primeros capítulos. Gran parte del ministerio público de Jesús se desarrolla después en Galilea, donde enseña, sana, llama discípulos y anuncia la llegada del Reino.
A medida que avanza el Evangelio, Jesús se dirige hacia Jerusalén.
Allí entra como Rey, confronta a los líderes religiosos, celebra la Pascua con Sus discípulos, es arrestado, juzgado y crucificado.
Después de Su resurrección, la narración vuelve a Galilea, donde Jesús se encuentra con Sus discípulos y los envía hacia todas las naciones.
El movimiento geográfico del Evangelio refleja así su movimiento teológico: desde Israel hacia el mundo.
¿POR QUÉ ESCRIBIÓ MATEO?
Mateo parece tener varios propósitos, pero uno domina todo el Evangelio:
demostrar que Jesús de Nazaret es el Mesías y Rey prometido y que las promesas de Dios encuentran su cumplimiento en Él.
Una y otra vez Mateo dirige al lector hacia las Escrituras de Israel.
Los acontecimientos de la vida de Jesús son relacionados repetidamente con aquello que Dios ya había hablado por medio de los profetas.
Mateo quiere que el lector comprenda que Jesús no apareció en la historia desconectado de todo lo que vino antes.
Las promesas hechas a Abraham, el reino prometido por medio de David, la Ley, los Profetas y la esperanza de Israel convergen en Cristo.
Jesús mismo declara que no vino a abolir la Ley ni los Profetas, sino a cumplirlos.
Pero Mateo también escribe para formar discípulos.
El mismo Jesús que dice “Sígueme” termina diciendo “hagan discípulos de todas las naciones” y “enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado”.
Por eso Mateo es tanto una proclamación acerca del Rey como un manual para quienes desean vivir bajo Su autoridad.
¿A QUIÉNES ESCRIBÍA MATEO?
Mateo demuestra un conocimiento profundo del mundo judío y parece escribir teniendo muy presentes a lectores judíos y judeocristianos.
Su Evangelio presupone familiaridad con Abraham, Moisés, David, la Ley, los Profetas, el Templo, las prácticas religiosas judías, los fariseos, los saduceos y las expectativas acerca del Mesías.
Mateo comienza con Abraham y David porque sus lectores comprenderían inmediatamente la importancia de esos nombres.
Cita repetidamente las Escrituras de Israel.
Subraya el cumplimiento profético.
Presenta a Jesús como Hijo de David.
Y dedica considerable atención a la Ley, al Reino y a la identidad del Mesías.
Sin embargo, el horizonte de Mateo nunca queda limitado a Israel.
El Evangelio comienza con una promesa relacionada con Abraham y termina con Jesús ordenando:
“Hagan discípulos de todas las naciones”.
Por eso una descripción útil sería la siguiente:
Audiencia cultural inmediata: lectores profundamente relacionados con el mundo judío y judeocristiano.
Audiencia final: discípulos de Jesucristo de todas las naciones.
LOS GRANDES TEMAS DE MATEO
Mateo vuelve una y otra vez a varias grandes verdades.
Jesús es el Mesías y Rey prometido. Su identidad se desarrolla mediante títulos como Cristo, Hijo de David, Hijo de Abraham, Hijo de Dios, Emanuel, Hijo del Hombre y Señor.
Jesús cumple las Escrituras. El Antiguo Testamento no aparece como simple material de fondo. Forma parte del argumento de Mateo: Dios está cumpliendo Sus promesas.
El Reino ha llegado en la persona del Rey. Jesús anuncia el Reino de los cielos, explica su carácter y enseña cómo viven quienes pertenecen a él.
Jesús forma discípulos. Sus enseñanzas no fueron dadas solamente para ser admiradas. Deben ser comprendidas, obedecidas y transmitidas a otros.
La cruz forma parte del plan de Dios. Jesús entrega voluntariamente Su vida como rescate por muchos y derrama Su sangre del nuevo pacto para el perdón de los pecados.
Jesús resucita y reina. La tumba no termina la historia. El Evangelio culmina con el Cristo resucitado declarando que toda autoridad le ha sido dada en el cielo y en la tierra.
La misión se extiende a todas las naciones. Lo que comienza profundamente arraigado en la historia de Israel termina con una misión hacia el mundo entero.
¿FUE MATEO TESTIGO OCULAR?
Si la atribución tradicional es correcta, Mateo fue testigo personal de una parte considerable del ministerio de Jesús.
Después de ser llamado, formó parte de los Doce. Escuchó enseñar a Jesús, vio Sus obras, participó en la misión de los discípulos y caminó con Él hacia Jerusalén.
Sin embargo, esto no significa que Mateo presenciara personalmente cada acontecimiento que registra.
No pudo haber sido testigo directo de Su propia genealogía, los sueños de José, el nacimiento de Jesús, la visita de los magos, la huida a Egipto ni otros acontecimientos ocurridos antes de que Mateo comenzara a seguirlo.
Incluso durante la pasión, Mateo dice que los discípulos abandonaron a Jesús y huyeron.
La descripción más cuidadosa es, por lo tanto:
Mateo es tradicionalmente entendido como un autor apostólico y testigo ocular de una parte sustancial del ministerio de Jesús, que también preservó acontecimientos recibidos mediante el testimonio de otros y las fuentes disponibles a los primeros seguidores de Cristo.
MATEO EN UNA SOLA FRASE
Mateo, tradicionalmente identificado como el antiguo recaudador de impuestos a quien Jesús llamó para ser uno de Sus doce apóstoles, presenta a Jesús de Nazaret como el Mesías prometido, el Hijo de David y el Rey; Aquel en quien las promesas y las Escrituras encuentran su cumplimiento, que entrega Su vida por los pecadores, resucita de entre los muertos y llama a personas de todas las naciones a convertirse en Sus discípulos.
EL REY HA VENIDO
El movimiento del Evangelio puede resumirse todavía más sencillamente:
El Rey ha venido.
Él es el Mesías prometido. Cumple lo que Dios anunció. Enseña a Su pueblo cómo vivir en Su Reino. Entrega Su vida como rescate. Muere. Resucita. Posee toda autoridad. Y envía a Sus discípulos a todas las naciones.
Ese es el fundamento teológico desde el cual LA PALABRA, HECHA CLARA se acerca al Evangelio según Mateo.